Sigmund y Martha

Sigmund Freud tenía 25 años y poquísimo dinero cuando conoció a Martha Bernays una mujer judía de 20 años muy enérgica que, al igual que su marido, se adelantó a su tiempo. Lo inspiró tanto en el ámbito privado como en el profesional, y su relación reveló a un Freud muy alejado del estereotipo del ecuánime pionero del psicoanálisis.
Sigmund contó que el día que la vio por primera vez se quedó boquiabierto ... “Aquella chica, sentada a la larga mesa, hablaba con un encanto sorprendente mientras pelaba manzanas con sus pequeños dedos; desde ese día creo en los milagros”. 
Fue un amor a primera vista. Freud enviaba a su enamorada grandes ramos de rosas acompañados de poemas. En las notas la comparaba con una princesa, y a su boca con rosas y perlas. Aún así se sentía inseguro y tímido porque ella era una mujer de familia "acomodada".
En la primera carta que Sigmund le escribió se dirigía a ella en un tono muy educado, que más adelante pasó a otro más íntimo:
“Hermosa Martha, ¿cómo has podido cambiar tanto mi vida?”
Cuando Martha se decidió a responder se mostró muy directa: 
 “Sigi, querido Sigi. Hoy por primera vez te llamo por tu nombre. Querido mío, me haces tan feliz como nunca he sido en toda mi vida”.  
A finales de junio de 1882 se prometieron. Para Freud representó un gran triunfo: ella le había elegido a pesar de su pobreza y su ateísmo.  
Al principio mantuvieron su compromiso en secreto. Su madre tenía grandes expectativas para ella y pretendía casarla con algún hombre adinerado. A Martha todo aquello no le importaba y continuó viendo a Freud. Cuando la madre vio que su hija estaba decidida a seguir adelante, tomó la decisión  de llevársela lejos. Uno podría pensar que Martha fue débil pero no tuvo elección.
Martha derrochaba pasión en las cartas, que escribía dos o tres veces al día y a las que Freud respondía con la misma frecuencia.
 
Las cartas de Freud no siempre eran tan románticas. Sus celos obsesivos solían brotar de pronto. Advertía a Martha de que no se hiciera amiga de ningún artista, ya que con tan sólo una canción podían abrir los pestillos del corazón de una mujer.
Durante los años que estuvieron separados, Freud iba a verla frecuentemente. Las visitas aliviaban un poco la tensión emocional, y él le sugirió que abandonase a su familia y se reuniese con él. Martha estuvo a punto de acceder, pero finalmente fue Freud quien realizó el sacrificio. Decidió abandonar su carrera universitaria para abrir un gabinete neurológico y casarse con Martha. En septiembre de 1886 se casaron en una ceremonia sencilla. Freud aceptó una boda judía pero, a lo largo de su matrimonio, la religión fue un tema prohibido.

 FRASES DE DOS CARTAS
 *
De Martha para Freud
El amor encarnado
30.8.1882
10h45 de la noche

En las profundidades de mi alma viaja, como una oración de la noche en silencio, un dulce pensamiento de ti.
Ahora, mi amado, ahora quiero darte un beso con todo mi corazón y te susurraría al oído tantas cosas que parecen tan tontas y locas en el papel -nadie nos oía y nadie nos veía, ni siquiera una ardilla curiosa perturbada y avergonzada- pero no quiero cargar a mi corazón con pensamientos de cómo las cosas podrían ser aún más bonitas, te amo demasiado y me siento feliz como una niña con tus cartas dulces "pacíficas".
(...) Y si por casualidad se te ocurre pelear conmigo, eso tampoco será posible, y tu boca será cerrada...ya tú sabes con qué.
(...) Que estés bien, mi amado, se feliz y alegre como
 
Tu Martha.
*
Sigmund Freud y Martha Bernays
*
De Freud para Martha
Tú me perteneces
22.10.1882
Domingo en la noche
Mi dulce Marthica
De verdad, mi dulce niña, cada línea de tu carta renueva en mi el orgullo de haberte conquistado y de poder servirte.
(...) tu carta está delante de mí y creo que incluso las contradicciones que hay en ti me parecen graciosas, qué hermosos son los temas, incluso cuando no estamos de acuerdo, y cómo las nobles palabras de Antígona de Sófocles parecen haber sido pronunciadas por completo para ti: "es para amarte, no para odiarte, que yo estoy aquí."
(...) Por eso quiero que sepas que de verdad tú no me amas más de lo que yo te quiero. Si me imagino mi vida sin ti ahora, todo se cae a pedazos por falta de apoyo e interés.
Tú eres la meta hacia la cual me dirijo, el punto de convergencia de todos mis deseos.
(...) Tú eres toda mía y ya te has dado cuenta que no estoy dispuesto a compartirte con nadie. Con un cordial saludo a la dulce amada,

Sigmund.
 
...a comer CHOCOLATE OSCURO.
Intensa.
FUENTES:  elmundo.es - imagen de google 

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