Un paseo con lluvia

Fotografía de Intensa: Chicago en tren







       

Solía odiar la lluvia, la detestaba porque cuando llueve no hay sol, la humedad se come los huesos y la tristeza se instala en el ánimo. Escuchaba a la gente hablar de que ver llover es romántico y acogedor, pero por más que lo intentaba no podía hallar el atractivo que otros dicen eso tiene. Pensar en agua que cae del cielo es recordar miserias, gente mojada perdiendo sus hogares, personas sin casas refugiadas bajo un techo improvisado, tragedias humanas... peor si el agua viene con truenos ensordecedores que alteran los nervios y relámpagos cegadores que acrecientan la sensación aplastante de que no somos nada ante la furia de la naturaleza. No obstante, siempre hubo conciencia de que la lluvia es buena porque humedece la tierra que alimenta a las plantas y da sabor a la fruta, verdor y color al mundo. Entonces podía tolerarla, solo eso. Mas aquella tarde sentada en ese vagón donde de pronto te pone la vida, la mano en la mano que aprieta amorosa en la justa medida mientras la paz se sentaba en el alma, surgió el romance, descubrió el sabor, el verdor y el color, desapareciendo miserias y tragedias. Por primera vez en la vida la lluvia fue hermosa como bella la arquitectura de la ciudad contemplada a través de esa ventana al acompasado ritmo de los durmientes. Desde entonces cuando llueve ella sonríe con picardía reviviendo su paseo hacia ese sol que siempre regresa a calentar su confortable humedad.


Intensa...Vosges!

Si así llueve que no escampe ;-)

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