MAMMA MÍA!

   Era un día cualquiera de una semana de junio pero lo que lo hacía diferente al resto de los junios es que transcurría el mundial de fútbol del 2014,  una fiesta deportiva muy importante para quienes habitamos este lado del mundo (aclaro que este lado del mundo es acá, abajo, de lado, en el sótano 4)
  Allí estábamos un grupo de amigos reunidos y disfrutando del partido. Unos van a italia, otros a Costa Rica, yo para romper esquemas (y romper pelotas) voy a Brasil como siempre pero hoy no juega mi equipo así que me toca callar y disfrutar la tanda. 
  Me dediqué a mirar. Miré a mis amigos y sus reacciones, miré los pases, los intentos de gol, las faltas, las posiciones adelantadas, los cobros, todo todo todo. No le quité los ojos a la focaccia y el prosciutto, comí hasta hartarme, miré mi copa de vino y cuidé que nunca estuviese vacía, miré y miré..... sobretodo miré a los jugadores y allí me quedé colgada...MAMMA MÍA! 
  Miré a las otras féminas y encontré complicidad en las miradas. Coincidimos en reconocer la divina estética de esas figuras etruscas sumamente llamativas. 
  Voló mi imaginación siglos atrás para ver en ellos a aquellos orfebres y maravillosos constructores navales con sus estupendas técnicas militares que hicieron de este pueblo el dueño del norte y centro de la Península Itálica y que hoy en día marcan diferencia donde pisan por elegantes, por hermosos, por lo que sea y merecido.
  Pero esta vez perdieron los italianos, mas definitivamente el fútbol es un deporte apasionante que llena de alegrías y disfrute a quien lo sigue y a quien lo mira con arte.
   Viva Etruria!...perdón.....viva el fútbol! 

Intensa...y su chocolate oscuro. 

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