El testigo




Allí estamos de pie, desnudos y enredados. Es nuestra escena delante de él.


Tú, detrás de mi, observas la pícara sonrisa de agradecimiento a tus divinas caricias. Yo, entre tus fornidos brazos, miro esos ojos, un par de olivas brillantes que me penetran el alma provocando en mi un éxtasis de ternura. Los veo rodar traviesos hasta detenerse en lo que hay entre tus manos, mis senos suaves, hinchados y deseosos.

De pronto, las ganas de besarnos superan la fantasía en la que estamos inmersos y un violento movimiento nos hace cambiar de posición, buscamos nuestras bocas. Ahora frente a frente nos besamos. Qué digo nos besamos! ... nos comemos. Por un instante olvidamos su presencia y así nos concentramos en devorarnos a ojos cerrados, a lenguas desatadas y a mentes liberadas. A partir de este momento hemos de permitirnos todo delante de él.


Con un gesto lento y cuidadoso me llevas al punto preciso en la cama desde el cual mantenemos esa conexión, nos dejamos ver a conciencia plena de la visual excitante, del arte de la apasionante pornografía. Saber que él nos mira hace de éste un momento sublime y liberador, combustible para unas ganas que arden solas.


Me acuestas y a besos me recorres entera. Bajas por mi centro y te detienes a saborear cada uno de mis pechos acelerando latidos, ahondando respiraciones, provocando la desesperación de sentirte ocupar otros lugares. Volteo a verlo a él por un instante y ya no me importa, tú lo ocupas todo.

Con extrema habilidad recorres el camino que lleva al valle entre mis muslos y allí obras maravillas estremeciéndome con delicadeza, provocando los gemidos que se ahogan al perder mi voluntad y desplomarse mis piernas.


Entreabro mis ojos para contemplarte ... Oh Dios!...me saturo y estallo de placer ante tu arremetida dentro del delta de mi río crecido. Navegas con la fuerza bruta de tus caderas... una y otra vez insistente, una y otra vez contracorriente, una y otra vez hasta vaciarte entero y yo sin dejar de verte lo consigo de nuevo.
Entre los temblores del alivio queda grabado otro capítulo intenso, el embeleso de esa imagen ajena que me lleva al límite y me envicia, esa visión de nuestro propio reflejo en el espejo, el testigo silente de otro merecido encuentro.





Intensa para su CH. O.

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