El permiso









Me permito amar, sí
porque pasar por esta vida
sin hacerlo es un pecado.
Me permito sentir lo que siento
sin miedo a perder la vida en ello
porque creo definitivamente
en todo aquello
que me cala hasta los huesos.
Porque amar es droga divina
penetrante en las entrañas
generadora de sensaciones extrañas
impulsando la alegría
la sonrisa, la euforia, las ganas.
Y es que sin amar esto no es vida.
A amar tengo todo el derecho
a amar de facto, de hecho,
sentirme cursi y estafada
sentirme dueña del mundo
por andar enamorada.
Y es que soy mujer apasionada
así nací y fui criada
con pajaritos en la mente
mariposas, hipopótamos y cebras
circos de caras pintadas
de emociones intensas vivo ilusionada.
Corro las arenas de mil playas
me monto sobre las nubes rosadas
a la luna venero cada noche
como una diosa admirada en su derroche.
Y al sol alzo mis ojos aunque queme
y ciega vaya quedando con los días
y es que no hay día que yo no ame
con el fervor de la candela enfurecida.
Y hasta odiando, odio amando,
desgarrando el pecho en groserías
y si ofendo con palabras
y abro heridas
con saliva y lágrimas las voy curando
pidiendo perdón arrepentida
pero con todo mi ser amando.
No necesito permiso para amar
porque amar es un hecho natural
y si a la pena de muerte
por amar me condenan
habría bien valido el amor la pena.


Intensa...comiendo muchísimo chocolate oscuro ;-)




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