Contemplación


   Sentados en el mirador ante la inmensidad de aquel valle y en una atmósfera de profunda paz, podían sentir las ráfagas calientes del viento presagiando el ardiente verano. No hacía falta hablar, ninguno de los dos se atrevía a interrumpir la exquisita melodía de las aguas del río que sonaba a nieve y olía a frío. Aquella mezcla de temperaturas conjugaba a la perfección con los cuerpos semidesnudos, bronceados de dos razas y dos mundos. Entre una copa de vino y la otra, entre los besos y los mimos, vieron levantarse nubes de fuego, un espectáculo único e irrepetible provocador de sensaciones intensas de admiración, miedo y hasta lujuria. La mujer caminó hasta la orilla hipnotizada por el deseo utópico de tocar lo imposible mientras sus nalgas eclipsaron las nubes en los ojos del hombre. Y mientras la tierra temblaba ellos solo contemplaban.

INTENSA.
Fotografía de Intensa: Contemplación

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